Salía
del banco sin solución a su problema pero más decidido que nunca a llevar a
cabo su plan. El eco de las palabras del director resonaba aún en su cabeza. “Lo siento señor Ramírez pero el dinero no
crece en los árboles”, “Entiéndame
usted a mí, si yo le doy un préstamo de tres mil euros que sé que no va a
devolver el banco pierde sí o sí”, “Lo siento no puedo hacer nada más por
usted”, “Se equivoca, usted no es especial, hay como unas quinientas personas
que están igual o peor que usted, así que de gracias de que al menos tiene una
familia”.