miércoles, 15 de octubre de 2008

Tú, mi libertad

Sabes que nunca he creído en nada, la gente decía que era ateo de profesión y no se equivocaban.
Sabes que nunca he tenido ideales, y mis sueños nunca se han roto pues carecía de ellos.
Sabes que nunca he terminado una cosa, todas están a medio hacer y la mayoría sin empezar.
Sabes que nunca he entregado mi vida a nadie por miedo a, casi seguro, fallarle o viceversa.
Sabes que nunca he temido a nada ni a nadie, el que siempre daba miedo era yo.
Sabes que nunca he cuestionado un consejo, directamente hacía oídos sordos y no lo escuchaba.
Sabes que nunca he sido una persona, sólo un ser vivo que se alimentaba para no morir.
Pero aún sabiendo todo esto llegaste tú, no te importó nada lo que decía la gente sobre mí, empezaste desde cero y conseguiste engañarme.
Iluminaste mi vida como nadie lo había hecho hasta entonces y todo mi ser giró en torno a ti, aparecieron las mariposas en el estómago y con ellas te vi, mejor dicho te imaginé, te imaginé a mi lado agarrada a mi brazo con cuarenta años más y no fue una ilusión, ahora que descanso en mi cama esperando a mi huesuda amiga de la guadaña, que como siempre llega demasiado pronto y sin avisar, me doy cuenta que durante toda mi vida he sido libre a tu lado, tu me enseñaste la libertad, libertad para elegirte, para besarte, para acariciarte, para estando a tu lado descansar en paz.

viernes, 3 de octubre de 2008

La libertad

Miraba al suelo desde la ventana y se imaginaba la sensación de dejarse caer al vacío, después cerraba los ojos y se agarraba al marco como si la vida le fuera en ello, como queriendo coger impulso. El por qué nadie lo sabía, todos lo tomaban por loco o por enfermo. Intentaron curarle pero nada funcionó, ni la hipnosis, ni la automedicación, ni las clases de autoayuda, todo había sido en balde, seguía siendo un incomprendido. Pasaron los años y se fue quedando solo, sus padres murieron, sus hermanos le renegaron y ningún pariente ni lejano ni cercano se quiso hacer cargo de él. Entonces cuando ya no quedaba nadie dejó de hacerlo, salió a la calle y miró a su alrededor, por primera vez en su vida lo veía todo desde otro prisma, ya no tenía ninguna atadura ni moral (lo tachaban de loco), ni social (no tenía a nadie), ni laboral (no trabajaba), lo único que le quedaba era su existencia y en ese momento rodeado de libertad y despojado de deber u obligación alguna que cumplir, en ese momento fue cuando empezó a vivir, comprendiendo lo que es la vida, amando su existencia.